La conocí y por su sensibilidad musical le dije que grabáramos un podcast, ella ya hacía uno con su amiga. Llegué a su casa para comenzar, fui con mi mejor amigo. Con ella y su amiga eramos cuatro. Conversamos del disco debut de una antigua banda que ella no creía buena, pero resultó  ser algo muy exquisito, yo no la conocía, me dijo el nombre y lo olvidé,  me dijo también que escucharlo la había hecho feliz. Yo casi enamorado le pregunté –como de molestoso– si lo compró o lo descargó y me dijo “es lo mismo”.

Ella puso  “Record” y comenzamos a hablar de música y cosas, a los cinco minutos me di cuenta que no grabábamos digitalmente si no en una casetera análoga. Y yo quería editar el podcast y presentarle el resultado final, como siempre lo hacía con mis podcast pero ¿cómo? si solo sabía editar en mi computador y no tenía maquinas para cintas de cassette. Me habló de un formato de cassette diferente, que sonaba mejor y duraba más. Tampoco supe qué era.  Comenzamos a preguntarle a la gente en la calle si tenían un digitalizador de cassette. “Para convertir de cassette a mp3” le decíamos a la gente para que entendiera, pero todo era en vano, nadie tenía.  Su papá llegó y mi amigo y yo nos despedimos. No creo que la vuelva a ver.

Me encantaba como era ella, como se vestía y lo que hablaba con su amiga.

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