Son las 3:00 de la madrugada y estoy en Viña del Mar, acostándome después de una tertulia con Miriam y Andy mis amigos de trasnoche. Luego de haber visto la competencia de Angélica y Yamna de Mundos Opuestos en una repetición on-line y riéndonos de cosas tan estúpidas como la mamá de Roca casi gritándole con todas sus letras que Mariana es la peor víbora venenosa y Roca no sabiendo qué contarle a Mariana cuando esta le pregunta por la visita de su madre; de Fanny con voz de borracha diciendole al papá “¿te acordai de cuando me curaba y te decía que iba a ser famosa, que todos me iban a conocer? aquí estoy po” o “si no creai, igual le echo de menos cuando arrancábamos de los pacos” o de Yamna y Thiago eternamente enredados en todas partes y a cada rato como si de amor de pulpos se tratase.

No supimos de noticias ni nada. Ni siquiera de qué dijo el Salfate o todos esos sobre lo mula del anuncio del mega-terremoto del 20 de Mayo. Este fin de semana no da para eso, solo era para viajar y conocer las playas del Litoral Central, la gente bien y la gente pobre; la gente sana que corre a la orilla de la playa y la que come los mejores completos de Chile en el Cevasco. Levantarse tarde y comer empanadas al almuerzo, quedarse en la casa a conversar y conversar; mirar desde el baño de la casa la mejor vista de la ciudad, bajar y subir el cerro a toda velocidad en la micros mas locas del mundo, tragando saliva falsa para destapar los oídos. Tomar y tomar fotos, ignorar el Casino, la Quinta Vergara y el reloj de flores de Viña y preferir subir Valparaiso en un funicular y bajar por las mil calles que terminan en veredas y lugares sombríos de casas raras puestas una sobre la otra hasta llegar a la calle principal donde en unas pocas cuadras mas se encuentran grandes construcciones antiguas con bancos y oficinas de ciudad, la plaza de la Victoria con estatuas robadas al Perú. Cansarse hasta el hambre y comer sopaipillas con mostaza en el centro de Valparaiso y que todos sepan que tengo la pura cara de cuico. Las historias son cientos y no me acuerdo ahora por que estas no son horas de acordarse para escribir.

El paseo casi llega a su fin y a sido un fin de semana precioso. No le llevo recuerditos a nadie por que ni de eso me preocupé. Solo de disfrutar y esperar volver para ver a los amigos y esta ciudad que de noche parece que la tierra fuera un espejo reflejando del cielo millones de luces titilantes esperando un nuevo día de sol aún en plena época de frío. Pues quedémonos…

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