Descargar discos por descargar o más bien por el hecho de “no quedarme atrás” en esta súper marea frenética de la música independiente. Tengo tres discos nuevos  que no alcanzo a escuchar y luego vienen cuatro que parecen aún mejores. Esa es la idea que me hago, pero lo cierto es que jamás alcanzo a saber cuál era bueno y cual no. No me da para hacer un buen recuento de lo mejor del año. Claro, también eso, como si alguien me obligara a hacer listas de discos buenos y malos si al final al único que le importan es a mí, y bien poco mas encima. Como si fuera poco llega final de año y descubro que de los 200 discos que “escuché” hay otros 100 que nadie me dijo que salieron y vuelvo a vivir esa sensación de que debo dejar de leer, ver tele, salir y hacer vida social para tener tiempo de oír música.

La cosa es así desde que conocí lo indie en 2008 disco tras disco, sensación tras sensación, estilo tras estilo. Cegado por los flashes o como un niño descubriendo y queriendo llevarlo todo a la boca, para saber cómo es. Mi itunes lleno de discos que jamás he escuchado y no creo que escuche así como voy, descargado seis o siete discos por semana. Esta último tiempo he descargado por ejemplo lo nuevo de Miniature Tigers, The KDMS, Keane, Los Punsetes, Here We Go Magic, The Hivies y el soundtrack de Moonrise Kingdom y les di una pasada a cada uno y listo. Al final siempre vuelvo a los de siempre, los que conocí entre 2008 y 2010, discos que aproveché y devoré como ningún otro. Terminé de crecer con esas bandas en mi desarrollo atrasado. De ahí en adelante todo ha sido un poco penoso, un avasallar con todo lo inventado recientemente.  Una especie de Mal de Diógenes de los discos, en el ejercicio de  juntar y juntar, con la esperanza de que “en algún momento los necesitaré” o por el miedo a que alguien me diga “¿No escuchaste el disco nuevo de x banda?” y yo avergonzado diga “No”. Soy víctima del síndrome del  informado desinformado.

Anuncios