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Sin título

Un grupo de jóvenes sanos, hipsters y felices van al sur de Chile a pasar unos días, pueden enamorarse, pasar buenos momentos y quizás algún sobresalto en el viaje y estadía, con la sola intención de contar una historia de vacaciones a las que pocos sectores de la población pueden acceder. Pero el film de Sebastián Silva, director chileno (La vida me mata, Gatos viejos y La Nana) y artista de proyectos musicales como CHC y Los Mono da unos pasos más en la historia. Primero; contrata a un grupo técnicos extranjeros entre ellos el director de fotografía Christopher Doyle que ha trabajado con en films del chino Wong Kar-wai, incluida su obra cumbre In the Mood for Love (2000) y una serie de actores como Juno Temple (actriz secundaria en varias películas exitosas), Emily Browning (Lemony Snicket’s A Series Of Unfortunate Events (2004)) la colombiana Catalina Sandino (María Llena eres de Gracia (2004)) y el niño símbolo de las películas indie; Michael Cera (Juno, Superbad)

Sarah (Emily Browning), Brink (Michael Cera), Agustin (Agustin Silva) y Barbara (Catalina Sandino) esperan a Alicia (Juno Temple) que viene de E.E.U.U a pasar unos días con ellos al Sur de Chile, especialmente invitada por Sarah su amiga que vive en Chile. Las cosas van medianamente bien en el viaje hasta que su amiga, a la única que conoce de todo el grupo recibe una llamada junto a su novio, Agustin y debe devolverse a Santiago urgentemente. Esta le promete a Alicia que volverá en un par de días.

Sin motivo aparente se empieza a desmoronar su estabilidad psicológica y se vuelve presa fácil de la confusión. El hermoso sur de Chile se vuelve en contra de la protagonista, lo que debería ser bello es ahora lo más feo y desagradable que uno se pueda imaginar, el terror a algo que debiera ser atractivo es una jugada que pocas películas se atreven a tratar. La parca y fría Barbara, el desagradable Brink, y el despreocupado Agustín hacen que Alicia confunda la realidad con la fantasía. Esa sensación de pensar que alguien está observándote fijamente te incomoda hasta que te atreves a mirar y te das cuenta que nunca te estuvo mirando es excelentemente tratada en una genial escena. Llamadas telefónicas que nunca hizo. Duerme y no descansa, por lo que piensa que pasó la noche en vela. La única que tranquiliza un poco la situación es Sarah cuando logra llegar desde la capital, aunque su halo de misterio sobre la causa real por la que se tuvo que devolver a Santiago incomoda también a Alicia. Bárbara y Agustín parecen estar ajenos a todo lo que pasa. Brink es el maldito irritante hasta el dolor.

La naturaleza forma parte de los terrores a los que se ve expuesta Alicia; sus nuevos “amigos” abandonan un cachorro en medio del camino, matan un loro y el perro de la casa, al cual acaricia, se sube encima de ella y comienza a moverse como apareándose, nada parece querer que ella esté ahí y eso es lo que la persigue durante todo el tiempo, trastocando su conciencia y haciéndola presa del miedo, como en el tenso momento en que debe saltar al agua (paraliza y transmite el  vértigo y la deseperación). La tortura psicológica a cada momento; la horrenda música creepy en el auto y en la casa parecen ser elegidas para enloquecer a cualquiera. La película toma un tinte trágico hacia el final poniendo en tensión total.

Sería de pesado y simplón decir que es un film hipster más (aunque en rigor es bastante hipster) ya que Magic Magic es mucho más que eso, es una película que se atreve con un thriller diferente, una película de terror nacional que no da vergüenza ni se hace a modo de chiste. Una anécdota interesante en nuestro cine para el futuro, pero a la vez hoy un gran hito que está pasando casi desapercibido para el común de los chilenos.

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