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Aunque son bastantes los discos buenos que han recibido nuestros oídos este 2015, destaco hoy los tres que fueron instantáneos, inminentes y certeros. Con el correr de los meses quizás pueda escribir más, pero como para no perder la mala costumbre los dejo con esto:

No olvidar el perfecto Vulnicura de Björk que analizamos en profundidad y que está justo antes de este post.  Pueden leerlo aquí también.

Alabama Shakes – Sound & Color
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Antes de verlos con su impecable presentación en SNL conocía de Alabama Shakes solo de nombre. Tocó la casualidad que justo después de eso el disco estaba disponible en este mágico mundo de las descargas directas. Las primeras escuchas son cruciales para comprender su estilo, después de eso solo puedes amarlos. Sound & Color rebosa de canciones extrañas y brutales como The Greatest o la misma Don’t Wanna Fight (primer single) que habla sobre una mujer cansada de luchar por un (entendemos) matrimonio tirante y caduco. También hay espacio para el dolor y el desgarro en la petición desesperada de Gimme All Your Love y Miss You o las bellezas instantáneas de Guess Who y Future People.

Si ya habían dado cátedra de cómo ser gustados por antiguas y nuevas generaciones en su trabajo anterior, con Sound & Color asistimos a la casi consagración de su estilo salvaje, bravo, potente. El Soul es suplicio, es tortura pero a la vez sexy. Brittany Howard con su banda saben cómo dotarlo de estas características; sus juegos de voces, gritos y gemidos más las terribles (en el buen sentido) guitarras que van y vienen y vuelven a aparecer con más fuerza nos hacen sentir que aunque seamos unos ignorantes sobre estos estilos podemos sentirnos extrañamente hechizados por su música por que toca la fibra y apela al dolor, la rabia, la pasión, la sensualidats y otras sensibilidades tan humanas.

The Vaccines – English Graffiti

English Graffiti (Deluxe Edition)

Hacer música para que pegue por una temporada en la radio es un camino fácil y recurrente para los artistas mainstream del pop. Como ejercicio, si intentamos escuchar la mayoría de los hits superventas de hace unos cuatro o cinco años atrás descubriremos que son canciones que ha envejecido mal, que no guardan mérito y no sirven más que para definir una época en algún recopilatorio de recuerdos pasados.

The Vaccines apostó por algo así en English Grafitti. Un conjunto de canciones lleno de trabajos sintéticos y detalles electrónicos factibles que hacen transformar al peligroso felino de trabajos anteriores en un, a ratos, tierno gatito. Sin embargo (y aquí un gran sin embargo), estamos ante la presencia de un trabajo bastante bien logrado a pesar del peligro. Primero por el riesgo que supone para una banda indie jugar a ser estrellas del pop y perder, o al menos ofuscar,  a sus más acérrimos fans (algo similar a lo que le pasó a Arctic Monkeys con AM) y también por estar dispuestos a salir de su forma habitual de trabajar que los hacía rendir lo que se esperaba de ellos a cambio de elogios contantes. Dos forma de riesgo meritorias que nos dan una razón para ponerles una oreja nuevamente.  Lo mismo dijo Justin Young, el vocalista, para NME al respecto “La gente simplemente no es ambiciosa en la música rock. Si se toma el hip-hop o pop, son mucho más aventureros, se rompen mucho más reglas.”

English Grafitti tiene muchas buenas impresiones instantáneas, dignas de un buen disco pop. La intro ágil de Handsome a la par con 20/20, o las guitarras estilo de Arctic Monkeys en las correctas Dream Lover  y Minimal Affection, esta última haciendo observaciones sobre nuestra interacción con las redes sociales y los problemas que produce en nuestras relaciones de la vida real. Con la tierna y romática (All Afternoon) In Love, una de mis favoritas, vuelve el recuerdo de Arctic Monkeys como si fuera una nueva I Wanna Be Yours, otro himno futuro de amor hipster. Want You So Bad, Maybe I Could Hold You y Miracle van ganando riqueza y se vuelven más hipnóticas al ritmo de las repeticiones que se le hagan.

Si English Grafitti o parte de él envejece bien o no, es algo que solo el tiempo dirá. De todas maneras nos quedamos con las palabras flemáticas de Young: “Queríamos hacer algo que sonara increíble durante un año y terrible en 10 años”.

Christina Rosenvinge – Lo Nuestro

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La extensa carrera de Christina Rosenvinge (en los 90, Christina y los Subterráneos, yo por ti, tu por mi…) le ha dado de dulce, agraz y de nuevo, de muy dulce. Convirtiéndose en los últimos años, luego de su regreso a la canción en español en una especie de nueva Reina del indie español, pasando del mainstream al independiente de una forma a lo menos curiosa. Tu Labio Superior (2008) y su coronación con el magnífico pero poco valorado por las masas, La Joven Dolores de 2011, la pusieron nuevamente en las listas musicales de España y Latinoamérica, llegando incluso a Chile y cantar a dúo con Fernando Milagros para el disco San Sebastián (2012) del chileno, en uno de esos episodios raros que nos regala esta vida.

Lo Nuestro, es un disco lleno de nuevos pasajes delicados, frios, maquinados y por qué despreciar el sentimiento, depresivos. Las canciones se suceden como pequeñas máquinas hechas para arrasar y quebrantar emociones. La Tejedora por ejemplo, que entre quejidos y gritos cuenta sobre una araña que se desvive por su obra, tanto así que solo conoce la existencia del sol por cómo se reflecta en el polvo del aire. Una metáfora sobre las madres y su incansable labor que continua intacta a pesar del paso del tiempo y los cambios sociales. Misma entrega de la madre de Pobre Nicolás (Nikola Tesla), el cual no alcanza a ver el fruto de sus propios descubrimientos y vivir la gloria que lograron.  Con Lo Que Te Falta nos queda claro que estamos siendo controlados por ese hombre que es Internet, un ser que cada vez nos posee mejor, conoce nuestros más profundos secretos porque los se queda con nuestras búsquedas (“Un hombre guarda tu historial, conoce tu inclinación sexual”) y controla nuestras vidas, tanto así que nos caemos si se cae.

El adorable coro de niños de Alguien Tendrá La Culpa le quita densidad, quizás para hacer más pop la crítica social sobre estas instituciones sin rostro que en el fondo son culpables de tanta atrocidad y problemas sociales. Pero es que a la vez todos nos sentimos víctimas de un sistema opresivo e injusto pero nadie se siente responsable por ello, tan cierto en España como lo es en el Chile de hoy. Otra canción destacable es La Muy Puta en la que vuelca todo el odio y envidia del que es víctima, por su permanencia e inmortalidad. Con un genial e inteligente sentido del sarcasmo se ríe de las críticas que la persiguen en una letra que no tiene desperdicios y que con ingenio y maestría lanza frases como “Quiero vivir siempre, ¡Tengo tanto amor que dar!“  o “Si logran abatirme, no tienes que llorar, también llegaré tarde a mi propio funeral”.

A pesar de la ya mencionada posibilidad de sucumbir ante una leve depresión en los cuarenta minutos que dura este álbum lleno de sonidos oscuritos y electrónica dura y gélida, casi gótica y muy krautrock , Christina nunca abandona los coros empalagosos que quedan todo el día dando vueltas como en Segundo Acto, que habla sobre la dualidad de las cosas y las sorpresas instantáneas de la vida, de cómo en un tris todo puede cambiar, como lo hace el decorado de una obra y el guion de su personaje principal, hasta ese momento “un hombre normal”, que se quedará impávido ante al cambio de circunstancias “La cámara le enfocará y no sabrá que decir. -Este no es mi papel. El guión no era así”.

Lo Nuestro, si bien, propone un cambio en el sonido de la madrileña, tiene episodios conciliadores y espacios luminosos increíbles, cajas de ritmos, guitarras acústicas pianos y destellos disonantes y cacofónicos. Las letras son inquietantes pero se acercan mucho a la perfección lírica en la descripción de esos temas pocos tratados en la música, y mucho menos en el pop. En síntesis un trabajo hecho con bastante precisión y preocupación, lo cual es de agradecer, de parte de una artista que ya va en su quincuagésima (por decir algo) reinvención.

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